venerdì 13 marzo 2015

Pasqueale Russo Maresca : Un continente visual

“Toda obra de arte abre a su vez una nueva interrogación.
Para ella no hay una palabra definitiva y ése es el valor
Indomable del arte: desde su inmovilidad propone un movimiento constante, como el de la vida”
            Juan García Ponce en Felguérez.

A mis padres.

 La Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, expuso en marzo de 2010 Siete Séptimos de Rostro, fue un primer encuentro con su obra, una revelación, en la que se manifestaron ante mí signos de creación de otros tiempos.
La primera impresión al contemplar esta colección fue reconocer en ella una herencia de los pintores italianos que genéticamente le preceden, por su lugar de nacimiento: la mítica Italia; su obra  es un continente visual, que convoca a una cartografía de emociones.
Pienso en Pasquale, recibiendo de niño la influencia de los colores en las calles primero; en el conglomerado de espejos que significa la influencia de las ciudades italianas, en él se expresa como en pocas, la grandeza del arte los cuadros y esculturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina; los lienzos sin fin en La ciudad eterna; la indescriptible costelación de colores en la Catedral de Florencia. No es menor la traza de artistas que durante siglos han poblado el territorio electivo de emociones en ese país. No exagero al decir que es un continente de luz.
Roma, Milan, Florencia, Venecia,  son ciudades en movimiento y  sonidos en las que la arquitectura del color y  la forma se manifiesta en lienzos y galerias, en  iglesias y museos, en calles, enjambre de emociones sin tregua.
La imagen primera de Pasquale, su primer sentido de la vista, le fue conferido como un privilegio: andar en las calles italianas, recibir el peso de la historia, la polifonía de colores. Pero su búsqueda y sentido de la estética se ha poblado de varios continentes; en su andar viajero ha recibido influencias notables; reconoce y se alimenta del arte y sus expresiones, pero hay un anclaje, acaso involuntario, a los pintores e influencia de Durero y Miguel Ángel. Pienso que le habitan signos de otras latitudes en el tiempo; al contemplar sus cuadros, el cuerpo adquiere un sentido irrepetible.

“ El arte no reproduce lo visible, hace visible..[..]..Por medio de la línea y el color. Y es la línea, el valor expresivo de la línea, su ritmo propio, su flexibilidad, su capacidad de movimiento, la que guió siempre su tarea de dibujante para llevarlo  alcanzar una auténtica mirada interior..” Juan García Ponce  sobre Paul Klee.

¿Que nos dice la pintura de Pasquale? Al observar sus trazos, no sólo vemos la forma y el fondo de la pintura, en cada una de ellas, en cada trazo hay un trabajo minucioso, paciente; cada cuadro es una obra que requiere mirarse como si observáramos un mapa, nos brinda el color mismo, la forma pero, sobre todo, el sentimiento de que estamos ante una obra que se alimenta de los signos del tiempo. La  obra de arte, va apareciendo ante el pintor, se le revelan los signos de la creación, un cronográma infinito de emociones, no es casual que cada obra le tome un tiempo considerable, porque va observando con detenimiento su propio devenir y registra en el lienzo sus emociones más certeras.
Encuentro coincidencias en la obra de Pasquale Russo con la de otro gran artista: José Luis Cuevas, miembro de la generación de la ruptura, que con independencia de su denominación, vino a romper con el esquema de la Escuela Mexicana de Pintura. De este conglomerado de artistas he escrito en un un ensayo inédito sobre Juan García Ponce:

“ Nuestro corazón palpita para conducirnos hacia las profundidades, hacia las insondeables profundidades del abismo primordial” Paul Klee, citado por Juan García Ponce.
La visita anterior a México y sin que Pasquale supiera de la obra de los pintores anteriormente mencionados, hicimos un recorrido por el Museo de la SHCP, que alberga una de las colecciones más valiosas de arte contemporáneo en México y Pasquale, observaba con atención las pinturas de Roger Von Gunten, Cuevas, Vlady entre otros. Entonces comentamos las afinidades en los signos estéticos de los autores y celebramos que justo, del otro lado del continente, en momentos históricos diversos, existieran esos vasos comunicantes, dicho a la manera de André Breton.
No soy crítico de arte ni pretendo serlo: soy un observador y me deleito con la pintura y la escultura, escribo a través de la mirada y estas letras no soy más que un homenaje, un sentido ejercicio sobre la capacidad creadora de un artista, la posibilidad de plasmar en un lienzo sus emociones más profundas, sin mayor interés que marcar una huella; si algo he admirado de Pasquale, en cierta forma, es su modestia, su sentido humanista de la pintura y el tributo a sus grandes maestros italianos del renacentismo.
A mi parecer, la obra de Pasquale nos devuelve la certeza del arte por el arte mismo, no se ajusta a los criterios simples, evoluciona y al mismo tiempo, fija en su pintura el tiempo dibujado de colores, un universo que refleja los instantes luminosos de las diversas geografías que su vista registra, en su andar cosmopolita.
Celebro la exposición de Pasquale, con la certeza de que al ver cada cuadro, nuestra capacidad de asombro se renueva y que, al mismo tiempo, su pintura es un continente que concentra los colores luminosos de la dicha que sólo el  arte puede brindarnos.

“ El mercado del arte suele validar primordialmente la demanda de los productores artísticos, no la estética de los mismos..” Teresa del Conde.
Considero importante señalar esta idea de la gran crítica de arte, porque observo en el momento de la pintura actual que, en muchos de los casos, el arte se ha convertido en un mero artículo de consumo de dudosa manufactura: se privilegian galerías; ellas son las protagonístas y los pintores algo secundario. La mercadotecnia ha sustituido la identificación de las profundidades del alma en el arte, cuando se muestran pinturas como si mostarramos automóviles, porque tienen un sentido utilitario; hemos perdido la capacidad de asombro ante los colores y la creación humana. Justamente por eso celebro la obra de Pasqueale, porque busca en sus pinturas un destello de lo humano, de sus múltiples obsesiones y variables: el dolor, el placer, el dolor de placer, donde la pintura encuentra su sentido.

Ciudad de México. 5 de marzo del 2013.
ÁAurelio González